A señor del edificio se le ha ocurrido que y que le pondrá nombre a su apartamento, unas piezas de cerámica pintadas a mano con Nuestro Sueño en color negro sobre fondo blanco. Y ahora una especie de polémica en la comunidad. A unos les parece chévere y otros se preguntan cómo se hará con las direcciones ahora. ¿Puede hacerlo? ¿Cómo nos recomienda manejar esta situación?
Antonieta. Cabudare. Lara.
RESPUESTA:
Lo que está previsto en la Ley de Propiedad Horizontal se refiere a la prohibición de modificación de la fachada del edificio, de la cara externa, salvo acuerdo de los propietarios. O sea, no podría colocarse un letrero en la pared aledaña al balcón de cada apartamento con nombres como Los Martínez o San Judas Tadeo.
Pero en el pasillo interior del edificio, o sea junto a la puerta principal del apartamento, la familia propietaria podría realizar un sencillo trabajo para colocar en metal o en cerámica un nombre que personalice su vivienda.
Claro, sin aspirar a que en el intercomunicador o en el buzón se modifique 8-C o 3-2-A por el nombre que el grupo familiar haya acordado para cumplir con esa aspiración tan nuestra: ponerle nombre a la vivienda.
Si cada propietario tiene la posibilidad de esa pequeña modificación de la pared vecina a su puerta, que quizás le permita cumplir con una aspiración a la que nunca podría acceder si no se muda a una quinta y ello no molesta ni incomoda concretamente a nadie, ¿por qué negarse a ello?
Nuestra opinión es que sí es posible, más aún recomendable para quien siempre haya tenido tal aspiración. No transgrede norma vigente alguna, si se concreta con sencillez y respetando la estética fundamental de los pasillos y la usanza en materiales para nombres de vivienda no habría por qué incomodarse o incomodar al pionero vecino que quizás hasta organice un bautizo de su apartamento con nombre propio.
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Luis Andrés Fernández Pérez (alias "Arq. Luis Andrés Fernández Pérez" o "el arqui"), administrador nefasto del Condominio Los Fresnos-Bugambilias, es un delincuente. Luis Andrés Fernández Pérez se hace pasar por arquitecto, administrador de empresas, dentista, chef, empresario de banquetes, sin ser nada de eso, y roba y estafa a todos los que puede. Es un ladrón y no sabe ni sumar el infeliz puerco. Luis Andrés Fernández Pérez es un mexicano repugnante, un engendro de prostituta. Se hace pasar por diferentes profesionistas para engañar a la gente buena y robarla, luego huye. En sus estafas y robos lo acompaña su puta de siempre: una cerda, mugrosa obesa y anciana como él, de cabello corto y muy cachetona, que jamás se baña ni se quita una especie de delantal o mandil, apestosa a aceite de cocina y chiles, y grasosa de la cabeza a las patas. La mujer del falso empresario, falso administrador de empresas, falso dentista y falso arquitecto Luis Andrés Fernández Pérez es una piruja que vende grasosas e insalubres fritangas en la vía pública y afuera de las obras de albañilería, sin permiso de la autoridad, claro está, y toda su sucia comida la prepara en el cuchitril oscuro y hediondo en el que viven gratuitamente ese par de delincuentes, pues su vida es estafar, robar, delinquir y provocar vómito. Estos son ejemplos de la podedumbre de México.